domingo, 14 de noviembre de 2010

31 DE OCTUBRE DE 2010
SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO DIVINO MAESTRO

Hace pocos días, el último domingo de octubre, la Familia Paulina extendida por los cinco continentes, celebraba la solemnidad de JESUCRISTO, DIVINO MAESTRO, titular de las Pías Discípulas del Divino Maestro y del Instituto Jesús Sacerdote de la misma Familia Paulina, fundada por el Beato Santiago Alberione.
Esta solemnidad fue aprobada por la Santa Sede el 20 de enero de 1958 por petición del mismo p. Alberione.

La espiritualidad paulina está centrada en Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida. Su solemnidad anual pretende ser “punto de partida y meta de una intensa vida espiritual, estímulo para no dejar nunca de ahondar en la que para cada uno de nosotros significa estar a la escuela del Maestro Divino”.
El beato Santiago Alberione, ilustrando esta devoción y espiritualidad, afirmaba: «Esta devoción no se reduce a la simple oración o a algún canto, sino que envuelve a toda la persona».
En efecto, la devoción a Jesús Maestro no quiere ser simplemente un conjunto de prácticas, sino un estilo de vida, un modo de pensar, de razonar, de sentir y de obrar.
« ¿Cuál es el ideal paulino?- se preguntaba el Fundador. ¿Cómo y cuándo se realiza y se vive?» Y él mismo respondía: «Cuando se puede decir, como san Pablo: “Vivo yo, pero ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”».
Y así, la espiritualidad centrada en Jesucristo Divino Maestro supone y tiene como meta: “una transformación total en Jesucristo, en la que Jesucristo y el alma se entregan recíprocamente, transfundiendo el uno en el otro la total posesión de sí mismo… Se consigue así la personalidad en Cristo, que predican san Juan evangelista y el apóstol san Pablo” .

En muchas ocasiones habló sobre este tema el Beato Santiago Alberione. Y así, en una meditación de Navidad de 1957 decía: «Debemos acercarnos al pesebre con el mismo espíritu de María y tratar de comprender bien qué es lo que quería indicarnos el Señor cuando nos dijo: “YO SOY EL CAMINO, Y LA VERDAD Y LA VIDA”, qué comprende la Iglesia, qué comprende el Evangelio. ¡Comprender y amar!...
Seamos agradecidos para con la providencia de Dios, que nos ha concedido la inmensa riqueza de comprender mejor a Jesucristo. Aceptemos lo que es obligatorio, lo que constituye el espíritu, el alma del Instituto; es decir, VIVIR LA DEVOCIÓN A JESÚS MAESTRO, CAMINO, VERDAD Y VIDA (…). Porque la voluntad de Dios, la adquisición del auténtico espíritu paulino, consiste en esto, que es el alma de la Congregación… No es una frase bonita, no es un consejo: es la esencia de la Congregación; ¡es ser o no ser paulinos…!»

La eucología de la celebración eucarística de la Solemnidad enlaza con el principio del evangelio de san Juan (Jn 14,6) en cuyo horizonte el p. Alberione siempre ha presentado el misterio del Magisterio del Señor. Jesús es “Maestro” completo, según la misma definición que él dio de sí mismo en la última Cena: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Toda la celebración litúrgica recuerda también el pasaje del mismo evangelio de Juan en el cap. 13, tan significativo para el magisterio de Jesús, “Maestro y Señor”: el título que él mismo se dio: “Vosotros me llamáis ‘el Señor y el Maestro’, y decís bien porque lo soy. Pues si yo que soy el Señor y el Maestro os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13,14).

Cito sólo la oración colecta y el prefacio de la Misa:

Oh Dios, Padre de la luz,
que en la plenitud de los tiempos
has hablado a los hombres por tu Hijo amado,
concede a quienes
lo confesamos Señor y Maestro
ser fieles discípulos suyos,
y
anunciarlo al mundo
como camino, verdad y vida
.
Él que vive y reina…

PREFACIO
CRISTO MAESTRO ÚNICO Y UNIVERSAL

En verdad es justo y necesario,
en nuestro deber y salvación,
glorificarte, Padre santo,
Dios de misericordia infinita,
que, desde toda la eternidad,
ofreces a los hombres tu vida inmortal.

Tú creaste el mundo
y con amor infinito lo conservas.
Como Padre bueno, velas por tus criaturas
y reúnes en una sola familia
a todos los hombres
creados para gloria de tu nombre,
redimidos por la cruz de tu Hijo
y señalados con el sello de tu Espíritu.

Te damos gracias por Jesucristo,
a quien nos diste como Maestro único y universal.
Él es tu Palabra viviente,
el camino seguro que nos conduce hacia ti,
la verdad eterna que nos hace libres,
y la vida sin fin que nos colma de alegría.

Por este don de tu benevolencia,
unidos a los ángeles y a los santos,
te entonamos nuestro canto
y proclamamos tu alabanza:
SANTO, SANTO, SANTO...

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