viernes, 17 de julio de 2009

11 de julio san Benito

Es casi hora de acordarse del blog...
En estos días de reposo casi ‘obligado’, dejo descansar también la preparación para otro tipo de compromisos y apostolado; me propongo aprovechar ratos más largos para leer, reflexionar, saborear en particular dos libros que desde hace tiempo miré con cierta atención, pero que deseo revisitar.


Me doy cuenta desde luego que ni en las lecturas estoy al día. El primer libro es de J. Corbon: Liturgia fundamental o ‘fontal’. Misterio-Celebración-Vida. La edición que tengo entre manos es del 2001. ¡Casi nada! Bueno, reconozco que ya lo tengo bastante subrayado, lo que indica que lo miré con interés años ha. Pero me atrae de nuevo volver a leerlo y, en la medida posible, ‘intus-legere’ y casi saborearlo, con ese aire profundo que tiene de liturgia oriental, de liturgia ‘fontal’, de ideas que intuyo con el corazón más que comprendo con la inteligencia...
El otro libro del que tenía subrayada sólo alguna página es El espíritu de la Liturgia. Una introducción, del entonces Cardenal J. Ratzinger, hoy felizmente Benedicto XVI. ¡También del 2001!

Un pensamiento me acompaña también entre lectura, oración y demás tareas de estos días: el “Año sacerdotal”.
Como discípula del Divino Maestro, siento muy dentro de mí la alegría por la convocatoria de este “Año” que, después del “Año paulino”, tan “nuestro”, espero vivir con ilusión, oración, al mismo tiempo que deseo siempre profundizar en la grandeza del “sacerdocio ordenado” y también del “sacerdocio bautismal, el sacerdocio común”. ¡Cuántas ventanas o puertas abiertas! Por lo menos, no falta la ilusión de ir caminando con la Iglesia, ahondando en la vocación-misión que el Maestro Jesús me ha regalado, me regala cada día.


A propósito del Año Sacerdotal, tengo ante mis ojos una carta de Sor M. Regina Cesarato, nuestra superiora general, especialista en teología bíblica, que nos dice entre otras cosas:
Antes de la conclusión del Año Paulino, hemos iniciado el Año Sacerdotal. ¡Del costado abierto de Cristo en la cruz recibimos gracia tras gracia!
Es importante desde el inicio colocar correctamente la realidad del sacerdocio cristiano y por consiguiente el fundamento bíblico y teológico de nuestro ser “mujeres asociadas el celo sacerdotal”, como nos ha pensado el Primer Maestro (P. Alberione) y como vivió Madre Escolástica.(...)


El autor de la Carta a los Hebreos ha pensado - ‘re-pensado’- el concepto del sacerdocio meditando el misterio pascual de Cristo. Con esta nueva elaboración, ha podido afirmar que Cristo es Sacerdote, es más el único sacerdote.(...) En Cristo, nacido-muerto-resucitado hemos entrado ya en la Alianza definitiva. Hablamos por lo tanto de un sacerdocio de la nueva Alianza, realidad de suma importancia para la vida cristiana. En efecto, el sacerdocio bautismal y el sacerdocio ministerial son participación del único sacerdocio de Cristo sin el cual no existirían.


Y concluye su carta “Scrivo a voi...”, con estas palabras dirigidas aún más específicamente a sus hermanas Discípulas del D. M. esparcidas por los cinco Continentes:

El Año Sacerdotal es verdaderamente un kairós, un tiempo de gracia para reavivar en nosotras la conciencia de nuestra dignidad bautismal que nos ha injertado como “miembros vivos y dinámicos” en un Pueblo todo él “real, profético y sacerdotal”. Esta gracia de participación en el único Sacerdocio de Cristo está robustecida en nuestra misión específica de Pías Discípulas que nos habilita para orar, servir y amar con particular atención a aquellos que en la comunidad cristiana y para la comunidad cristiana, reciben los ministerios ordenados. La Regla de Vida orienta concretamente nuestras energías apostólicas en esta dirección.
(...) Con esta belleza en el corazón y en la vida, seguiremos participando en el grande servicio sacerdotal de la mediación, peculiar de nuestra misión de oración y caridad apostólica.


Material para reflexionar, meditar, vivenciar...
... para dar gracias cada día, día tras día al Maestro Divino, a la Trinidad santa por el gran don de la vocación y misión eucarístico-sacerdotal-litúrgica: en la Iglesia y para la Iglesia.

Leo en J. Corbon:
La adoración sin metanoia del corazón sería una hipocresía, pero una conversión sin éxodo hacia el amor del Padre sería una ilusión moralizante y deprimente. La conversión es teologal, incluso doxológica, y la adoración es un retorno a la voluntad del Padre.

Tengo que confesar que cada vez que en mis lecturas o reflexiones encuentro la palabra ‘adoración’, siento la necesidad de detenerme, ver el sentido de la palabra y su contexto; es un término que nunca me deja indiferente.
Así, pues, al encontrarla en el libro de J. Corbon me paro; vuelvo a leer todo el período, intento desentrañar cuanto puedo el sentido profundo y real de lo que afirma el autor.
Ciertamente, no está hablando aquí ciertamente de la ‘adoración eucarística’, o, por lo menos, de lo que a menudo entendemos por ‘adoración eucarística’.
Habla simplemente de la “adoración”, la actitud de ‘adoración’, de adoración ‘cristiana’, por supuesto.
Me parece fuerte la afirmación: “La adoración sin ‘metanoia’ sería una hipocresía”. Me impacta vivamente.
¿Qué me dice? La adoración bíblica, cristiana es reconocer que Dios es Dios, que el Dios Uno y Trino es Dios el único Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La principal tentación y pecado del hombre, de la mujer es, desde el Edén, la de querer ser “como dioses”. Éste es también hoy nuestro gran pecado. No aceptamos en muchos momentos nuestra creaturidad.
Necesitamos convertirnos, convertirnos al Señor. Aceptarle cordialmente y en obediencia filial como nuestro verdadero Diosy Señor, Señor de mi vida, de mi historia, de la historia de nuestro mundo...
Esto es fácil escribirlo; no lo es tanto el vivirlo con autenticidad.
Y, cada vez que pretendo afirmar que “adoro” a este Señor, si estoy cediendo a la tentación de hacerme “como Dios”, estoy siendo “hipócrita”.
¡¡Qué fuerte!! Pero también tal como suena ¡qué real!
Y la “conversión”, la vuelta al Señor debe realizarse desde el corazón, no sólo desde las ideas: conversión del corazón.
Y esta ‘conversión’ en concreto ha de coincidir con el ‘éxodo hacia el amor del Padre’, el retorno a la voluntad del Padre. Tal como hizo Jesús, cuyo alimento fue siempre hacer la voluntad de su Padre (cf. Jn 4, 34): éste es el verdadero culto de adoración ‘cristiana’, filial.
El card. J. Ratzinger, hablando sobre los “gestos” en el tema ‘el cuerpo y la liturgia’, precisamente en el libro “El espíritu de la liturgia”, se refiere repetidas veces a la actitud de ‘adoración’, también en sentido general. Una de las expresiones por mí subrayadas es ésta: “Los cristianos vieron dos significados en los brazos desgarrados de Cristo en la cruz: también aquí, precisamente aquí, está la forma radical de adoración, la unidad de la voluntad humana con la voluntad del Padre” (p. 228).
Voluntad humana de Jesús “inmersa en el sí perpetuo del Hijo al Padre (p. 78).

Esta coincidencia, esta obediencia filial y radical, la de Cristo Jesús y la nuestra, es la que da autenticidad a la actitud de adoración. La hace adoración verdadera.
Adoración “teologal, doxológica”.
¡Qué apropiados y profundos me parecen estos dos adjetivos de la ‘adoración cristiana’: “teologal y doxológica”. Dirigida sólo a Diosen alabanza y glorificación, o para decirlo con las palabras de la carta a los Efesios: “... El, que dispone de todas las cosas como quiere, nos eligió para ser su pueblo, para alabanza de su gloria” (Ef. 1, 12. 14)


2 comentarios:

Adolfo dijo...

¡Feliz regreso! Corbon y Ratzinger: dos lecturas que no dejan indiferente. Nos vemos en Salamnaca.

Eugenia dijo...

¡Hola!
Abrí un blog sobre vida religiosa. Por ahí te interesa darte una vueltita.
¡Un abrazo!